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foto: congreso de la república

Escenario político de inicio de gobierno

Publicado: 2026-08-04

Ha iniciado el gobierno de Keiko Fujimori. A continuación, un rápido recuento sobre los principales actores en el escenario al empezar un nuevo ciclo político en el país.

Keiko Fujimori. Ha llamado la atención entre los analistas la aparente disociación entre su discurso de Fiestas Patrias y el proyecto de solicitud de facultades legislativas que se conoció un día después, y que por el momento se encuentra detenido. O entre el tono moderado que empleó en su presentación ante el Congreso y el discurso confrontacional y antidemocrático que las principales figuras emplearon hasta hace apenas unos días desde el anterior Congreso. ¿Cuál es el verdadero tono del gobierno? Es posible prever que tendrá una combinación de ambos estilos. Fujimori intentará la cara buena con el populismo de manual que está mostrando en sus viajes iniciales al interior del país, frivolidad incluida, que termina desviando la mirada hacia temas puntuales o poco relevantes. Junto a lo anterior, buscará desarrollar su verdadera agenda en otros espacios, con el menor escrutinio público posible. Una estrategia conocida: la zanahoria y el palo, o mejor dicho, la yuca.

Luis Galarreta. Su designación como presidente del consejo de ministros revela que en la interna del gobierno se optó por una gestión más política que técnica. Galarreta forma parte del núcleo duro del fujimorismo y, en los últimos años, ha sido uno de los principales difusores de sus planteamientos, incluidas las fake news y campañas de difamación. Prácticamente no ha aparecido en los primeros días de gestión, por lo que no es posible aún medir el peso de su liderazgo.

Gabinete ministerial. La mitad de sus integrantes ha ejercido cargos políticos en gobiernos anteriores (sí, aquellos gobiernos acusados por la presidenta de haber dejado el país en una situación catastrófica). Ello indica que serán capaces de defender en la escena pública las decisiones del Ejecutivo. Pocos técnicos conocedores de sus respectivos sectores, varios nombramientos incomprensibles y apenas dos mujeres. El riesgo para el gobierno es que ministros con peso político propio, más aun no siendo parte de la estructura de Fuerza Popular, se resistan a acatar sin más las disposiciones presidenciales. Una muestra de ello sería el frenazo que se le ha dado al paquetazo regulatorio que se presentó apenas iniciada la gestión, y que ha merecido amplios cuestionamientos desde diversas carteras.

Miguel Torres. Integrante también del núcleo duro fujimorista. Inicia su gestión al frente del Senado con el gesto de haber comprado –el precio no se sabe, aún- el voto de una integrante de la oposición. El mensaje ha sido emitido desde el primer día: se recurrirá a cualquier medio con tal de lograr la mayoría, es decir, las prácticas montesinistas no se han erradicado y se pueden emplear cuando sea necesarias. Queda por ver su capacidad de maniobra para la negociación de las comisiones más disputadas en ambas cámaras.

La oposición. Después de mucho tiempo, el gobierno enfrenta una oposición con peso político. Logró presentarse unida a la elección de las juntas directivas del Senado y la Cámara de Diputados. Más allá del traspié en la primera elección, ha mostrado que el consenso es posible. Para el futuro, la oposición enfrenta un doble dilema. Por un lado, sacar adelante una agenda legislativa y ejercer un control democrático del poder, para lo cual requiere mantener un cierto nivel de diálogo y unidad, o quedar reducida a la irrelevancia política si pierde esa condición y los integrantes de las bancadas se dejan ganar por agendas personales o regionales, o son llevados al transfuguismo. Por otro lado, caer en el despeñadero de la podredumbre moral si no enfrenta con decisión la situación del diputado Julian Pérez, denunciado por agresión física y psicológica a su pareja. En otras palabras, mantenerse en la defensa de principios o caer en el “otoronguismo” de siempre; tarde o temprano, esta segunda opción los conduce también a la irrelevancia política.

La calle. Expresiones de rechazo al nuevo gobierno se expresaron en distintas partes del país a través de redes sociales, pero las movilizaciones de fiestas patrias fueron convocadas y animadas por víctimas de violaciones de derechos humanos, las ocurridas durante el conflicto interno y las de la violencia estatal de los últimos años. Es raro que haya protestas grandes al inicio de una gestión, por lo que las protestas de la semana constituyen una alerta ética de sectores sociales que no callan ante los riesgos de autoritarismo e impunidad, agenda que el fujimorismo ha defendido abiertamente desde sus orígenes.


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De palabras y violencias

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