SIN CULTURA NO HAY DESARROLLO
Asistí hace unas semanas, en una calurosa noche, a la presentación del ballet “El lago de los cisnes” en la Real Fábrica de Cristales de La Granja de San Ildefonso, ubicada al lado de un antiguo palacio real cerca de Madrid. Esta obra de la genial inspiración de Piotr Tchaikovsky fue magistralmente interpretada por el Ballet de Kiev. Además de gozar del espectáculo y del entorno en el que fue representado, no dejé de pensar que el conjunto sobre el escenario venía de un país que libra actualmente una guerra sin sentido. Y pese a esta situación, este elenco seguía mostrando al mundo la posibilidad de la belleza.
Se sabe que, incluso en ambientes muy adversos, es posible la creación artística, a menudo acicateada por la misma experiencia de la desgracia –personal o colectiva. Más allá de ese ejercicio de libertad creativa, hay quienes que no se justifica promover el arte y la cultura en contextos donde impera la destrucción o la pobreza, pues la energía, los esfuerzos institucionales y los recursos financieros debieran dirigirse a otros objetivos que se presentan como más urgentes o prioritarios. En contextos como estos, voces aparentemente sensatas señalan que la cultura no figura entre los asuntos más importantes, y por tanto su atención debe esperar mejores tiempos (que nunca llegan).
Pensando en esto, recordé algo que a mi padre le impresionó en un viaje que hizo a Alemania a inicios de la década de 1980. Estuvo en una ciudad cuyo nombre no recuerdo, la cual, al poco tiempo de haber concluido la segunda guerra mundial, y con ruinas que no se habían terminado de remover, convocaba a un concurso público para la reconstrucción del teatro de la ciudad. En un país militarmente derrotado y económicamente quebrado, en el que sus principales energías se orientaban a la reconstrucción, la rehabilitación de la vida cultural entraba también como una de las prioridades.
Desde el punto de vista de economicistas con visión chata, como los que abundan en nuestro entorno, resulta una completa insensatez asignar recursos escasos a reconstruir… ¡un teatro! (u otorgarlos a la promoción del cine, como lo han señalado los promotores de esa nefasta propuesta normativa pomposamente denominada “nueva ley del cine peruano”). Ante este pensamiento estrecho, el ejemplo del gobierno de esta ciudad alemana, o la existencia del ballet de Kiev, nos hablan de una estructura de prioridades muy distinta a la establecida por el sentido común dominante.
Casos como los citados nos revelan que sin las artes no es posible ni el crecimiento integral de las personas ni el desarrollo real de los pueblos. Un verdadero desarrollo supone la atención a todas las dimensiones que conforman el ser humano y a su vida en sociedad. La vida cultural es una de ellas. Una sociedad que no le otorga igual importancia, no podrá preciarse de un real crecimiento de su sociedad.
Twitter: @RivasJairo
Postdata, con la reacción de mi padre y su maravillosa memoria: Hermosa reflexión. A la vez que reconstruían el teatro de la ópera convocaban a un concurso para formar la nueva orquesta de la ópera. Todo esto en la hermosa ciudad de Munich. Años después el director de dicha orquesta fue por largos años el músico huancaíno Oscar Vadillo.