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La cautiva

Una mirada imprescindible a nuestra historia

Publicado: 2014-12-06

Un libreto hermosísimo, lleno de poesía. Actuaciones sobresalientes. Una puesta en escena cuidada hasta el detalle. Y un escenario donde cada cosa parece estar en su lugar, salvo los hechos que ocurren sobre él. La cautiva, de Luis Alberto León, y dirigida por Chela de Ferrari, nos ofrece una mirada compleja pero imprescindible sobre la historia del conflicto en el país. 

Un inicio que parecería trivial - y en el cual se anticipa un hecho espantoso - da paso a una situación sorprendente que te lleva del asombro a la inquietud, del miedo a la ternura, de la magia al asco y al terror, y nuevamente a la fantasía y la perplejidad, hasta el desenlace en el que uno queda sin aliento. La tensión entre Eros y Tánatos, según comentario de Jorge Bruce en el coloquio posterior a la obra, presente en la historia de nuestro conflicto. Pero también, como anotó una espectadora, la lucha entre el horror de esa historia y la posibilidad de trascenderlo a partir de la fantasía del teatro.

El país entero está reflejado allí de algún modo. La indiferencia rayando con el cinismo frente al sufrimiento. La brutalidad de los violentos. El miedo de las víctimas, y también la esperanza que se levanta desde su cotidianidad. Y la solidaridad de quienes se resisten a abandonar a los muertos (en la obra apelando a la fantasía del personaje de Mauro, en la realidad verdaderos actos de coraje y de resistencia). Tal vez porque interpela nuestra actitud ante los hechos vividos en el Perú es que la obra toca de manera particular a cada quien.

Comentaron los actores que algunos han cuestionado la representación señalando que hace apología a la violencia o cuestiona de manera desproporcionada al Ejército, y no a Sendero Luminoso. Creo que no es así. El propio personaje del militar incorpora en su narración la irracionalidad de la actuación senderista. No es una obra de teatro la que va a definir la magnitud de la responsabilidad de cada quien, pero en este caso tiene la virtud de poner por delante la mirada de las víctimas, desde la cual toda forma de violencia es absurda e inmoral.

En pocos días acaba la temporada de La cautiva. Cuán importante sería que pueda ser reprogramada en nuevas fechas - ojalá en otros sitios de Lima y el país - para que esta imprescindible mirada sobre nuestra historia reciente sea compartida por muchos más espectadores.

@RivasJairo

Tres razones para ver La cautiva, por Utero.pe



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De palabras y violencias

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